Cuando encuentras el amor en la chica que no soportabas

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«Recuerdo muy bien mi primer día de trabajo en la actual agencia donde estoy currando hace seis años. Estaba nerviosa, siempre he sido un poco insegura aunque en el fondo sé que todo lo relacionado a mi campo laboral se me da muy bien.

La gente fue bastante agradable en general, excepto una rubia llamada Elena que me pareció bastante arrogante y poco hospitalaria. 

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Yo soy la típica que intenta que todo el mundo se sienta incluido o tomado en cuenta. Ella era todo lo contrario. Su humor era bastante sarcástico e iba de lista (aunque realmente lo era, y mucho).

Ella llamaba mucho la atención, por su forma algo borde y por ser bastante guapa. Yo no estoy nada mal, pero no me gusta que se fijen en mi. A las pocas semanas ya estaba integrada pero ella seguía cayéndome fatal. La encontraba creída y arrogante, pero de todas maneras me gustaba mirarla, ya sabéis, esa parte lesbiana que tenemos y no podemos ignorar. 

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En septiembre se casó una compañera de trabajo y nos invitó a todos los del departamento.

Ahí, entre las copas, Elena me pareció extremadamente sexy y divertida. Ella notó mi embobamiento, soy bastante transparente con mis emociones, y comenzó a coquetear conmigo y yo, envalentonada con los gin tonic, a seguirle el juego.

«Tú, ¿entiendes?», me preguntó en un momento y le dije que sí, que era lesbiana desde que tenía uso de razón. Se sorprendió, me dijo que no tenía un mal radar pero que nunca lo hubiera adivinado.

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El tonteo fue a más y más, pero esa noche no pasó nada. El lunes siguiente volvimos al trabajo y podía ver que me dedicaba algunas miradas y sonrisas que me ponían sumamente nerviosa.

Empezamos a acercarnos, a hablar más, a recomendarnos series, libros y películas lésbicas, discutíamos sobre qué actriz de The L Word era más atractiva, hasta que un día me preguntó si quería ir a comer con ella. Fluyó tanto y tan perfectamente que empezamos a quedar más y más…

Hasta que hace dos años y medio nos casamos. Ahora estamos en tratamiento de fertilidad para tener nuestro primer hijo, tenemos muchas ganas de convertirnos en mamás.

Así fue como me enamoré de la chica que no soportaba, y así fue como la vida me enseñó que el amor está donde menos esperas.

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