Miedos, alegrías y sueños. Todo lo que nos ha dado la ovodonación

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Lo que nos ha dado la ovodonación

Laia nació hace cuatro años, después de llevar casi tres intentando tenerla. Su otra mamá, Elisa, y yo, pasamos por tratamientos desgastantes a nivel emocional y económico, en un par de clínicas de Barcelona, hasta que dimos con Eugin y decidimos fiarnos de un médico que nos hizo sentir escuchadas y apoyadas.

No habíamos conseguido un embarazo a término ni con sus óvulos ni con los míos. Sí dos abortos bastante dolorosos y varios tests negativos.

En Eugin decidimos recurrir a la ovodonación. Al comienzo nos daba cierto apuro porque siendo las dos mujeres, nos entristecía no poder usar ni su material genético ni el mío. Al final entraba en juego una tercera mujer, la donante de óvulos, a quién no conocíamos, ni nunca conoceríamos, y que aportaría la mitad del ADN de nuestra hija. Y, si a veces ya es difícil gestionar que la mitad de la genética de nuestros hijos venga de un donante de semen anónimo, ya cuando los donantes son dos… se nos hizo muy difícil.

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Y, aunque el proceso emocional era complejo para nosotras, el físico fue muy fácil. Eugin buscó donantes con similitudes nuestras, ese óvulo y ese esperma crearon la magia en el laboratorio y así surgieron tres embriones de muy alta calidad. Y el embrión fue transferido al útero en un procedimiento que duró diez minutos. Y ya.

Las dos teníamos muchas ganas de embarazarnos, de ser parte de algo que nos había resultado tan ajeno hasta ese momento, así que lo echamos a suerte. Ganó Elisa. Y fue su útero el que nos regaló lo que llevábamos tantos años esperando. La beta positiva. ¡Y en el primer intento!

Cuando cogí a Laia en mis brazos por primera vez supe con todas las células de mi cuerpo que esa niña era completamente mía. Que daba igual el origen. Más que la desconfianza que había tenido hasta ese momento con quiénes serían los donantes y cómo serían, solo sentí agradecimiento. Agradecimiento de que esas personas hubieran donado para que nosotras pudiéramos cumplir nuestro sueño.

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Lo que siempre tuvimos claro Elisa y yo, y lo hablamos con la psicóloga de Eugin, era que queríamos que nuestra hija tuviera claro su origen desde el principio, nada de esos shocks que vienen en la adolescencia.

A partir de cuentos infantiles que hablan de ovodonación le hemos contado a Laia cuánto la deseábamos y cuán agradecidas estamos de que haya llegado a nuestra vida. Por otro lado, hemos trabajado la familia con el motor del amor, no de la genética.

Sabemos que de mayor pueden surgirle dudas, preguntas, independientemente de la educación que le demos. No sé si estamos preparadas, pero lo que sí sabemos es que acompañaremos a nuestra hija en cada uno de los pasos que quiera dar. ¿Acaso no es eso la maternidad?

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