Método ROPA: “Lo más parecido a tener un hijo de las dos”

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Vamos a ser mamas por el metodo ropa

Claudia y Selena viven en las afueras de Madrid, en un chalet con un jardín que disfrutan sus dos perros y sus dos hijos.

Son madres de Alan y Kai.

Cuando se conocieron hace cinco años, Claudia acababa de ser madre soltera de Alan.  “Fui al cumpleaños de una amiga con mi niño que tenía dos meses. Os juro que lo que menos tenía en mi cabeza era ligar. Pero simplemente pasó. Fue una conexión que no había sentido en la vida”, dice Claudia.

“Me enamoré del paquete completo. Alan era una monada ahí tan pequeño, yo creo que en la segunda cita casi que ejercía como mamá. Tenía un instinto maternal muy fuerte y enamorarme de una mujer con quién formar una familia era un sueño. Antes había tenido parejas que no querían ser madres”, cuenta Selena.

Después de dos años viviendo juntas Selena y Claudia se casaron, ya que era un requisito para poder realizar el tratamiento de fertilidad exclusivo para mujeres lesbianas: el método ROPA.

“Yo soy mamá legal de Alan, lo adopté. Cuando empecé a convivir con él empecé a sentirlo y amarlo como si fuera mi hijo, aunque no participé en el embarazo o el tratamiento”, cuenta Selena. “Pero queríamos tener otro hijo y que fuera lo más parecido a tener un hijo biológico de las dos, que tuviera algo de Claudia y mío, y así llegó Kai”.

Claudia se había embarazo a través de una Inseminación Artificial con semen de donante en IVI. “Quise repetir clínica porque me fue muy bien, además tenía guardada muestra del donante de Alan porque aunque no estaba segura de querer más hijos, prefería ser precavida, por si acaso”.

Selena fue quien gestó a Kai. “Queríamos que Alan y Kai fueran hermanos biológicos, así que usamos el mismo semen y el óvulo de Claudia. Estuvo unos diez días pinchándose hormonas hasta que le sacaron los óvulos. Fue todo mucho más rápido y fácil de lo que pensábamos. Yo por mi parte fui preparando mi útero con progesterona. Así, cuando el embrión de Kai estuvo preparado, lo transfirieron a mi útero en una cánula. Estábamos juntas, de la mano, y lo vimos en la pantalla del ecógrafo. Fue muy emocionante”.

Kai tiene ya 20 meses. Aún les queda un embrión congelado. “Ambas tenemos ganas de tenerlo, pero quizás es muy pronto. Pero quién sabe, quizás por fin nos viene la niña”, dice Claudia riendo.

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