Mi ex marido y padre de mis hijas me ayudó a salir del armario

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Me casé con Andrés en una ceremonia en una playa pequeña en Cahuil, en el sur de Chile. Éramos los dos medios hippies, así que fue tal como habíamos soñado.

Yo quería mucho a Andrés, era mi partner, mi mejor amigo, nos contábamos todo. Lo pasábamos bien y la vida junto a él era muy fácil. Aunque nos casamos por amor nos casamos embarazados de nuestra hija mayor, Amparo.

La segunda llegó por accidente, porque no queríamos tener más hijos tan pronto, yo pensé que lactando no me podía embrazar pero parece que sí, y cuando Amparo tenía 14 meses nació Luna.

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Nos fuimos a vivir al sur, nos gustaba la vida rural y tranquila. Teníamos gallinas, un huerto, Andrés y yo trabajamos en el mundo de la salud. La vida juntos era muy buena. Hasta que algo cambió en mi.

Una de nuestras amigas nos presentó en una fiesta a una de sus mejores amigas de la infancia, una preciosa mujer con la que conecté rápidamente. Nunca en la vida había tenido tanta química con alguien, nos hicimos amigas y empezamos a juntarnos muy seguido. 

Para mi no había nada malo en ello, incluso Andrés se alegraba que me sintiera tan cercana a alguien. A mi me costó mucho darme cuenta que lo que sentía por Jana era algo más, no estaba familiarizada con tener sentimientos amorosos hacia una mujer así que pensaba que era como una gran mejor amiga, pero con el tiempo la echaba de menos todo el rato, admiraba su belleza, era la primera persona a quién quería contarle algo… hasta que un día en un abrazo de despedida, sin pensar mucho lo que hacía, como si fuera algo natural, la besé.

Me solté avergonzada, le pedí perdón. Pero ella me agarró fuerte y me dio un beso tan apasionado que casi me muero. 

Me sentí en la gloria, tocando el cielo. Y a la vez el infierno, me sentía tan mal por Andrés. Esa misma noche le conté todo y él fue muy comprensivo. Me preguntó si era lesbiana y le dije que no lo sabía, llegamos a la conclusión de que soy bisexual.

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Andrés sabía que ya no había vuelta atrás, que si sentía algo por otra persona difícilmente podría irse de mi cabeza. Me propuso que nos tomáramos un tiempo y yo descubriera qué eran esos sentimientos. Él siempre fue muy generoso.

Lo que sucedió entre Jana y yo era como de otro planeta. Estábamos enamoradas, yo no podía habitar mi vida anterior, lo quería todo con ella. Comunicarle esto a Andrés fue súper difícil.

Él lo pasó mal pero a la vez me animó a ser sincera con mi entorno, algo que yo no quería hacer. Me animó primero a explicarle a las niñas, lo hicimos juntos, explicarles que el amor no solo se da entre hombres y mujeres y que ahora mamá tenía una novia, explicarle a mi familia y a mis amigos.

Hubo todo tipo de reacciones pero Andrés me apoyó mucho, como lo haría un mejor amigo. A él le debo todo, sé que no he podido escoger un compañero mejor y un mejor padre para las niñas. 

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Desde que salí del armario y empecé con Jana han pasado 4 años. Vivimos en una casita cerca de un lago con mis hijas, que se van los fines de semana con su papá, que tiene una pareja nueva y están esperando un niño.

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