Cómo divorciarte de tu esposa y seguir siendo amigas

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Como ser amiga de tu ex esposa

Hay un momento donde la miras y no te crees tener tanta suerte, te parece la mujer más preciosa de la tierra. La quieres y te quiere. Te imaginas que os haréis viejas juntas, todo es maravilloso. Y sí, lo es. Pero también es efímero.

Olga y yo fuimos novias durante cuatro años y estuvimos ocho casadas. Desde mis 32 hasta mis 44 caminamos juntas por la vida. Formamos un hogar lleno de plantas y con dos perros. Lo mejor que hicimos juntas fue traer al mundo a nuestros gemelos, dos bombones que acaban de cumplir siete años.

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Poco antes de que cumplieran 6, Olga me soltó: «tenemos que hablar». Y ahí me contó que estaba teniendo sentimientos por otra mujer. Esa es una de las virtudes (y defecto a veces) más grande de Olga. La sinceridad brutal.

Hablamos mucho, lloramos mucho. Nos planteamos abrir la relación para que ella pudiera explorar ese sentimiento, pero no, soy bastante tradicional como para pasar por eso.

Lo que le pasaba a Olga con otra mujer dejaba al descubierto algo más fuerte para mi. Me quería como a nadie en el mundo, pero ya no me quería como pareja.

¿Qué haces en una situación así? ¿Luchas? ¿Intentas? ¿Reconquistas? No. A veces, cuando ya no te quieren como tú quieres ser querida lo que más duele, pero más beneficios trae a tu alma, es abandonar. Seguir tu camino. No poner resistencias.

Cuando se acaba una relación en la que hay casa común e hijos, el recorrido es duro y brutal. Hay que desarmar una casa llena de recuerdos, hay que repartir el tiempo de los niños. Dejar de verlos a diario para comenzar a verlos la mitad de un mes.

Es todo tan difícil que pasas por muchas etapas. Rabia, dolor… Cuando nos separamos Olga tuvo algo con esta mujer por la que tenía sentimientos. Pero acabó fatal. En ese momento me buscó, se sentía culpable, perdida, me echaba de menos.

Lo pensé, pero decidí no volver. ¿Por qué? Porque, ¿y si volvía a suceder? ¿Sería yo capaz de vivir tranquila o estaría permanentemente insegura? Elegí mi salud mental. Seguir con la ruptura. Sabía que gestionar un reencuentro después de su relación con otra me quedaba grande.

Recuerdo esa época de mi vida como oscura, muy dura. Pero el tiempo ha pasado y tanto Olga como yo nos esforzamos en ser amigas. ¿Por qué? Por nuestros hijos, pero también por nosotras amigas.

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Muchas veces me preguntan, ¿cómo se puede ser amiga de una ex esposa?

Lo primero, por salud mental. El rencor y la rabia atentan contra el propio estado de bienestar. El perdón ayuda. Nos queremos mucho y nos queremos bien, nos cuidamos, nos respetamos. Ambas somos buenas personas, buenas personas a las que el amor de pareja no las acompañó para toda la vida. No es culpa de nadie. Las cosas suceden. El amor es libre, no se puede forzar. Tanto ella como yo queremos lo mismo, amar y ser amadas.

De momento no lo hemos encontrado. Ella ha tenido historias, yo he tenido historias. Pero cuando tienes hijos te vuelves más exigente… y el mercado de solteras no está fácil, todo hay que decirlo.

Olga y yo somos muy buenas amigas. De las que ven películas y series juntas, de las que quedan a tomar algo, con o sin niños, de las que escuchan los dramas amorosos de la otra y, por sobre todo, nos apoyamos y nos queremos.

Todo se puede hacer desde el amor. Incluso lo que nos desborda. Estamos felices, y nuestros niños, no imagináis cuánto.

Envíanos tu historia a info@madreslesbianas.com

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