Mi historia de amor. O por qué mi hija tiene cuatro mamás

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cuatro mamás
Cuatro mamás

«Cuando Claudia me pidió el divorcio mi mundo se derrumbó. Es verdad que no atravesábamos el mejor momento porque habernos convertido en madres nos estaba resultando un poco estresante, pero yo la quería de verdad.

Nos habíamos conocido en un congreso de radiología. Ella no paraba de mirarme, y recuerdo que yo pensaba: «¿cómo sabe que soy lesbiana?». Por la noche nos fuimos todos de copa y ella se acercó abiertamente. Tiene una personalidad arrolladora y coqueta. Yo estaba deslumbrada.

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Nos dimos los teléfonos y estuvimos en contacto durante semanas, vivíamos a 300 kilómetros. Un día ella viajó a Madrid, nos fuimos a cenar, y ya no nos separamos más. Nos casamos dos años más tarde, y nos casamos muy enamoradas. Poco después de celebrar nuestro primer aniversario yo estaba embarazada de Zoe. No os imagináis lo feliz que me sentía, teniendo dentro a nuestra pequeña y despertando cada mañana junto a la mujer que amaba.

En mi cabeza tenía trazada el resto de mi vida: Después de Zoe Claudia se embarazaría, teníamos claro que queríamos tener dos. Con el tiempo queríamos comprar una segunda residencia en un pueblo de la sierra e ir los fines de semana. Criar a nuestros hijos y envejecer juntas.

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Pero la vida nunca es como una la planea. Muchas veces es mejor, aunque al principio no lo parezca. 

El primer año de Zoe fue difícil, éramos inexpertas y yo estuve muy nerviosa, rozando en lo insoportable. Claudia intentaba involucrarse lo máximo posible pero para mi nunca era suficiente su ayuda. Fui difícil e intransigente y ella fría y distante en respuesta.

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Nos descuidamos como pareja y el amor se fue extinguiendo. Aún así cuando ella me pidió el divorcio mi mundo se derrumbó. Fue un proceso muy doloroso no solo separarme de mi esposa, también de mi hija, porque comenzamos a compartir la custodia de Zoe, una semana cada una.

Me costó mucho, y no imagináis lo difícil que fue cuando Claudia se enamoró otra vez, cuando mi hija se iba a casa de su otra mamá y Ester, la nueva novia. No sabéis lo que me dolía el estómago cuando Zoe hablaba de lo divertida que era Ester o le hacía un dibujo».

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Es fácil dejarse llevar por la rabia o por el rencor, y no os voy a mentir, fueron mis primeras reacciones. Pero no era justo conmigo ni con Zoe. Me centré en mi felicidad, en mi bienestar, en disfrutar mi vida y en agradecer que Zoe fuera amada por su mami y Ester.

Yo no buscaba nada, no quería pareja ni rollos, pero en un taller de lectura no pude dejar de prestar atención a Carla, una mujer guapa, lista, graciosa. Fantaseaba con ella y esperaba ansiosa la próxima sesión del taller. Era totalmente platónico, hasta que un día, estando todo el grupo de cañas después del taller ella comentó que era lesbiana y tenía novia. Yo comenté que yo también y que estaba divorciada.

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A lo largo de los meses nos fuimos acercando, charlando un poco más. Una mirada, otra… El último día del taller, justo antes del verano me contó que se estaba mudando, lo había dejado con su novia. Secretamente me alegré. ¡Que mala!

En septiembre, a la vuelta del verano, me sorprendió un mensaje de ella en el móvil. «¿Qué tal las vacaciones? Si no estás muy ocupada y te apetece podríamos un día ir a tomar algo». Di un gritito de alegría como si tuviera 15 años.

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Ahí empezó una historia de amor tan increíble que no os podéis hacer una idea. Carla me hace profundamente feliz. Nuestra relación no se parece a nada que haya vivido antes. Nuestro lazo, nuestra compenetración.

Nos amamos, y lo más importante, ella y Zoe también. La relación entre ambas es muy especial, estrecha y cariñosa.

Zoe en el cole hizo un dibujo que nos mostró su profesora. Era ella y sus «cuatro mamás», según explicó a la clase. «Yo cuando nací tenía una mamá y una mami, pero ahora tengo cuatro mamás y somos muy felices», dijo. Me sentí tan orgullosa. 

Claudia, Ester, Carla y yo somos la familia de Zoe, y nos comportamos como tal. A los actos del cole vamos las cuatro. Las navidades y cumpleaños los pasamos juntas las cinco. La felicidad de nuestra pequeña y la lección de amor que le damos es lo más importante para nosotras.

Adoro a Claudia y le estoy agradecida por la vida que tuvimos juntas y por la hija que tuvimos. Y aunque la ruptura fue dolorosa, fue la preparación que necesitaba para encontrar a mi gran amor».

Gracias a Leticia por compartir su historia. Puedes enviarnos tu historia de amor y maternidad a info@madreslesbianas.com

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