Lo que a mi esposa y a mí nos hubiera gustado saber antes de tener hijos

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Lo que a mi esposa y a mi nos hubiera gustado saber antes de tener hijos

Mariana y yo, Cristina, llevamos ocho años de relación. Nos conocimos por una aplicación (sí chicas, a veces, muy pocas, se encuentra al amor de la vida en una app).

Como bolleras de manual tardamos cuatro meses en irnos a vivir juntas y en adoptar a dos gatitas que encontramos en la carretera.

Somos bastante compatibles, nos encanta viajar, comer, hacer deporte, el senderismo… Así que podría deciros que tenemos una vida bastante feliz. Las dos queríamos ser madres, así que cuando cumplimos 4 años juntas decidimos dar el gran paso.

Tampoco investigamos mucho al respecto, nos fuimos a lo seguro, IVI, con la idea clara: Mariana se embarazaría por Inseminación Artificial. Y nadie nos movería de ahí. ¿Cómo ha acabado esta historia? Yo, que no quería embarazarme, pariendo a nuestro hijo Gael, y Mariana embarazada actualmente de 16 semanas por un método ROPA.

¿Cómo es posible que todo fuera diferente a lo planeado? Porque hay cosas que nos hubiera gustado saber antes, que nos habrían ahorrado sufrimiento y dinero:

  • Existe un pack diagnóstico para parejas de lesbianas.
    Nosotras llegamos y dijimos: ella se embarazará por inseminación. La médica nos recomendó el pack diagnóstico, que estudia la fertilidad en una pareja de chicas para ver quién es más fértil y tiene mayor capacidad de llevar a buen término un embarazo. Pero nosotras no lo quisimos, lo teníamos claro. Sería ella y no yo la que se embarazaría, y usaríamos sus óvulos. Y no nos fue bien.
  • Nadie nos habla de preservación

Nadie, a lo largo de nuestra vida, nos habló de que a partir de los 35 años la fertilidad sufre mucho. Y después de los 40, ni hablar. Mariana, que tenía la máxima ilusión de embarazarse, se encontró con la infertilidad, y fue muy duro. Como era muy deportista y su estilo de vida era sanísimo, pensamos que era fértil, pero no. Su reserva ovárica era bajísima y la calidad de sus óvulos muy mala. Si ella se hubiera estudiado la fertilidad años antes, hubiera congelado óvulos, pero eso nunca se le pasó por la cabeza. Hay mucho desconocimiento.
Por otro lado, un pack diagnóstico nos hubiera dado una fotografía clara de nuestras opciones reproductivas y nos hubiera hecho decidir mejor.

  • Existe la DGP
    Decidimos usar mis óvulos, que aunque no eran de una gran calidad, al menos servían más. Conseguimos cuatro embriones. En IVI nos recomendaron hacer una DGP, que es un estudio para ver cuáles son viables, ya que hay varios que acaban en abortos espontáneos. Pero dijimos que no, estábamos confiadas. Mariana y yo hicimos un ROPA, ella se embarazó con mi óvulo. La alegría fue brutal, pero a la semana 7 dejó de latir el corazón. No os podéis imaginar la tristeza.

Finalmente decidimos estudiar a los embriones y descubrimos que solo dos eran aptos para la vida. Pero Mariana no quería embarazarse, se sentía muy asustada y muy ansiosa. Así que di un paso adelante, a pesar de que nunca me lo había planteado. Así gesté a Gael.

  • Existe el duelo genético
    Siempre, cuando planeábamos nuestro fututo, nos imaginábamos a Mariana embarazada, y con sus óvulos. Eso era algo que a ella le hacía especial ilusión y a mí no. Pero acabó siendo al revés. Para mi esposa supuso un duelo saber que no estaría ligada genéticamente a sus hijos. Sé que a algunos les puede parecer una tontería, porque la maternidad va más allá de la genética, pero para algunas madres sí resulta duro.
    Ahora bien, os puedo decir que una vez que se pasa, ya no queda ni un ápice. Gael es tan hijo de Mariana como mío, y no pueden quererse y adorarse más.
  • Las madres gestantes y las madres no gestantes experimentan diferentes emociones
    Las dos somos madres, tan madres la una como la otra. Pero es cierto que el papel que toma cada una es diferente. La madre gestante se funde con el bebé desde que nace, no solo porque ha estado dentro de su cuerpo, sino que también porque la lactancia genera un vínculo de dos muy fuerte. Y al final, como sucede en una pareja heterosexual, donde hay madre y padre, los niños pequeños suelen tener un apego más exagerado con su madre.
    Al comienzo esto fue más difícil para Mariana que para mí, ya que tenía ciertos miedos e inseguridades, como por ejemplo que sus padres fueran a sentir a los niños “menos nietos”, pero la clave fue la comunicación, contar cómo nos sentíamos.

Los temores suelen ser infundados. Gael es adorado por toda su familia, el tema genético pasó a un lugar sin importancia, y mi chica por fin está viviendo lo que más anhelaba: un embarazo.

Esperamos que nuestra experiencia os sea útil para luchar contra la desinformación que existe sobre nuestra fertilidad.

Si quieres saber más sobre el pack diagnóstico para dos mujeres, pincha aquí.

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