«Cuando tu historia de amor y maternidad se transforma en una pesadilla»

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Cuando pienso en cómo empezó mi historia con mi ex, a la que llamaré Susana pero no es su nombre real, me cuesta creer que hayamos acabado así.

Estábamos tan enamoradas que nos sobraba todo, el trabajo, los amigos, la familia, lo único que queríamos era estar la una con la otra todo el día, aunque fuera haciendo nada. Simplemente estar.

Nos complementábamos mucho en todos los sentidos, espiritual, sexual, en nuestros intereses.

Cuando conocí a Susana yo tenía novia. Pero no podía dejar de pensar en ella, nos hicimos amigas y pasó lo inevitable. Dejé a mi pareja y aunque no conocía mucho a Susana me propuso que me fuera a vivir con ella. Era una locura sí, pero lo vivimos con mucha intensidad.

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Dos años después de irnos a vivir juntas decidimos tener un bebé. Nos hicimos una inseminación casera con el semen de un amigo que teníamos en común y que no tenía ninguna intención de ser padre pero quería ayudar.

Susana se quedó al segundo intento. Estábamos tan felices. Así nació nuestra princesa Manuela. El primer año fue difícil sobre todo porque Susana estaba muy fuera de sí, con las hormona a tope, a veces me sobre exigía y otras veces me pedía distancia. Yo no sabía muy bien cómo comportarme pero tampoco le daba mucha vuelta al asunto porque seguía enamorada de ella y se me caía la baba con mi princesa.

Pero la relación con Susana se fue deteriorando. Cuando Manuela cumplió dos años Susana empezó a salir mucho, la había destetado por fin y decía que necesitaba tiempo para ella. Pero no salía a tomar un café, salía a discotecas y bares y llegaba en la madrugada, empezó a hacer cosas muy raras.

Yo estaba dedicada en cuerpo y alma a mi princesa así que era la cuidadora principal, porque además podía por las mañanas trabajar en la oficina y en la tarde desde la casa y cuidarla.

Un día, de sorpresa, Susana me dijo que se quería separar. Que ya no sentía lo mismo. Se me vino el mundo abajo, porque aunque estaba rara yo pensaba que sería solo una etapa y pronto volveríamos a ser la familia feliz. Pero no, se había encaprichado con una chica a la que apenas me fui yo metió en la casa a vivir.

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No les puedo decir con palabras lo terrible que era para mi, sufrí mucho. Pero seguía encargándome de Manuela todas las semanas y los fines de semana se iba con ella.

En los inicios de su relación con su nueva novia nuestra hija le sobraba, porque salían mucho y se iban de viaje, pero cuando decidieron estar más caseras me la quitaron.

Aunque Manuela es mi hija también, yo legalmente no soy nada porque en nuestro país no existe el matrimonio gay ni la adopción ni la filiación. 

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Mi princesa tiene a día de hoy 3 años y medio, y por duro que parezca nuestra relación depende del ánimo de mi ex, si está feliz y bien o si no pues no. Si está de buena me la puedo traer un fin de semana o incluso tenerla algunos días entre semana. Pero si está de malas puedo pasar hasta 18 días sin saber nada de ella, ni hablar por teléfono, que es lo que me ha pasado.

Hace unos meses empecé a salir con una chica, y cuando Susana se enteró me prohibió ver a la niña. Acabé dejando a la chica porque lo más importante para mi es tener a mi hija conmigo.

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Pero estoy muy amargada, me encantaría poder ir por la vía judicial y tener custodia compartida o algo justo y razonable, como las parejas heterosexuales que se divorcian, no estar dependiendo de su estado anímico. No imagino estar toda la vida luchando para poder estar con mi hija.

He intentado hablar con ella, y a veces está razonable y me dice que ok, que compartamos todo, pero es una veleta que cambia de opinión todo el tiempo.

Mientras no queda otra que seguir luchando para que las mamás lesbianas tengamos los mismos derechos seamos o no las mamás que gestamos a los hijos.

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Puedes enviar tu historia a info@madreslesbianas.com

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