«Vivía con mi novio y me enamoré de mi jefa. Y esta es ahora nuestra familia

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Ana y Yanina el día de su boda

A Ana Lupinacci y Yanina Hidalgo la vida había intentado juntarlas muchas veces. Habían ido al mismo colegio, con tres años de diferencia, habían tenido los mismos profesores, tenían amigos y conocidos en común, salían por los mismos lugares, pero nunca se habían visto realmente.

Hasta el día que coincidieron en una oficina, en el mismo trabajo. Yanina era la encargada y su seriedad y profesionalidad le parecieron a Ana bordería, no le cayó bien. En ese momento Ana llevaba 4 años viviendo con su novio. A Yanina le gustó Ana pero cuando supo lo del novio descartó la posibilidad. 

En la oficina se rumoreaba que Yanina era lesbiana pero ella misma se encargaba de desmentirlo, siempre le habían gustado las mujeres pero nunca había besado a una, no se sentía aún capaz de salir del armario.

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Se inscribieron juntas en un curso que les quedaba a dos horas de su ciudad, lo que hacía que dos veces a la semana compartieran esas horas de viaje, ida y vuelta.

Parecía que eran grandes amigas. “Pero en un momento me di cuenta de que tenía más ganas de quedarme en el trabajo que de volver a casa. Quería estar todo el tiempo con ella y pensé ‘¿qué onda esto?’”, cuenta Ana a Infobae. Montaba escenas de celos si Yanina tenía mucho trabajo y no le prestaba atención, “yo misma me miraba y decía ‘¿pero qué me pasa?, ¿tanto me voy a enojar?’. 

Ana decidió contarle a Yanina lo que sentía pero dejándole claro que no haría nada con ello, no quería poner patas arriba su vida ni lastimar a su novio. Así que le pidió distancia. Pero el amor es el amor, y la distancia les duró una hora.

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Cuatro meses después se fueron a vivir juntas. Y ya han pasado 12 años. Aunque el entorno de Ana se sorprendió de que dejara a su novio y se enamorara de una mujer, no hubo rechazo ni problemas.

Para ambas era la primera vez con una mujer y lo vivieron con mucha intensidad. En 2012 se casaron. Con los años entraron las ganas de formar una familia. La idea era que Yanina pariera al primero de sus hijos, pero todas las inseminaciones resultaban en betas negativas.

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En la dulce espera

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Estaban agotadas emocionalmente. Decidieron probar con Ana. Se embarazó en la primera inseminación artificial con semen de donante. Alegría absoluta, a la que se sumó la cara de sorpresa al ver en la primera ecografía que eran dos y no uno.

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Ana y Yanina pertenecen a la asociación de Familias Argentinas Diversas, por lo que sus peques tienen muchos ejemplos de diversidad familiar.  También han hecho un cuento para contarle a sus hijos cómo se enamoraron y cómo deseaban tanto tenerlos, un cuento que está sin terminar, porque va creciendo con sus hijos y con las preguntas de los niños.

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