«Me enamoré de la madre de la amiga de mi hijo»

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Historia de amor lesbianas
Historia de amor lesbianas

«Cuando conocí a Carol pensé: «ay, por favor, qué guapa y qué maja». Ella llevaba una camisa vaquera ajustada y unos pantalones negros, el pelo suelto y una sonrisa tan abierta, tan bonita, que la lesbiana que llevo dentro (y fuera) llegó hasta a sonrojarse.

Se acercó a mi para decirme que Manuel estaba invitado al cumple de Lola, su hija y compañera de clase de mi peque, que Lola adoraba a Manu y que le haría mucha ilusión.

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Yo contesté que por supuesto que sí, que a Manu y a mi nos encantaría. Ese fue el punto de partida de una amistad que surgió entre Carol y yo. Soy coqueta por naturaleza, y cuando una mujer me gusta no lo puedo evitar, me sale de manera muy espontánea. Es verdad que con Carol me corté un poco, que vamos, era la clase de mi hijo y no un bar de lesbianas.

Soy lesbiana desde que tengo uso de razón, siempre muy abierta y visible. En la clase de Manu todos saben que Manu tiene una mamá bollera y soltera, porque además me he preocupado de llevar cuentos de diversidad familiar y todo tipo de familias.

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Carol, por su lado, estaba divorciada de su marido, compartían la custodia de sus dos hijos, y en el momento en que la conocí estaba saliendo con un hombre que había conocido en una app para ligar.

Manu y Lola tenían la misma edad en ese momento, cuatro años, y se llevaban bastante bien. Carol y yo nos veíamos con los niños en el parque, en las actividades del cole, y había tanta química entre nosotras que rápidamente comenzamos a hacer actividades fuera del cole, como ir al cine con los niños, quedar a merendar, etcétera.

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«Basta de actividades infantiles, tenemos que ir a tomar una copa», le dije un día. Le encantó la idea. Ahí ya con dos vinos me contó que su novio le había comentado que quería hacer un trío con una mujer y que a ella le apetecía probar. 

«¿Se me está insinuando?», pensé. Le pregunté que con qué tipo de chica le gustaría hacer un trío. «No sé, así femenina, como tú», me dijo. Y yo di un salto de alegría, sí, se me estaba insinuando. 

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Yo pasaba olímpicamente de hacer un trío con el memo de su novio, pero sí es verdad que dejé de cortarme y desde ese momento empecé a coquetear de manera evidente. Las cosas se fueron dando solas, cada vez proponíamos más planes, queríamos pasar tiempo juntas.

Un viernes quedamos a cenar y ver una película infantil en su casa. Los niños se quedaron dormidos y esa fue nuestra primera vez. Maravilloso. Para ser ella primeriza se manejaba muy bien.

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Yo ahí tuve unos días de estar rara. Es muy difícil que me guste una chica, y Carol me volvía loca, pero claro, mi temor era que era heterosexual, que yo era la primera mujer en su vida, que quizás tendría miedo al que dirán, que volvería corriendo a los brazos de su novio, que no querría que los niños supieran nada, que sería el gran dramón y que yo moriría soltera.

Pero el curso de la historia no siguió para nada el curso de mis miedos. Carol se abrió a vivir esto tan especial que nos pasaba. Lo pasábamos tan bien juntas. Ella decía: esto es como tener una mejor amiga que además te pone y te dan ganas de besar todo el rato.

Carol y yo llevamos año y medio juntas. Nuestros hijos y nuestras familias saben que somos novias y todo se vive con mucha naturalidad. Lo más gracioso fue Manu que me dijo: ah muy bien, ahora tengo dos mamás y dos hermanos. ¡Para comérselo!»

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