Me cansé de vivir en secreto. ¡Soy lesbiana y que lo sepa todo el mundo!

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Soy lesbiana y que lo sepa el mundo
Soy lesbiana y que lo sepa el mundo

«Para todo el mundo yo, Susana, era una chica heterosexual madre soltera. Y cuando digo todo el mundo es: mis amigas (sí, incluso las más íntimas), mis padres, mis dos hermanas, mis sobrinos, los vecinos, los tíos, los primos, los del pueblo, la señora de la panadería, de la frutería y del kiosko. También para mi hija.

Siempre he tenido novio, desde los 14 años. A los 25 me embaracé por accidente con el novio más en serio que tuve, nació mi hija que hoy tiene seis años. Con ese novio estuvimos juntos hasta que la niña cumplió tres. Nos llevábamos bien pero no teníamos sexo nunca, claramente porque yo no quería.

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No sé cómo explicarlo bien. Yo soy mujer y por ende me tienen que gustar los hombres, ¿no? Todo mi mundo era heterosexual, si yo no lograba encajar con ningún chico era simplemente porque no había encontrado al adecuado.

Cuando me separé y me fui a vivir sola a un piso con mi hija empezó mi maravillosa y secreta vida. Rápidamente conocí a mis «discretas» vecinas. Y lo digo con ironía. Tenían una bandera gay colgada en el balcón y andaban de la mano por el barrio. Me encantaba verlas besándose.

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Me hice amiga de ellas y tenía tanta curiosidad que empecé a buscar información de las lesbianas, a leer relatos en internet y a ver películas. Descubrí que me excitaba muchísimo. Me abrí con ellas que eran muy majas y cercanas, conectamos bien porque además teníamos la misma edad.

Aprovechaba que mi hija los fines de semana estaba con su padre para salir con ellas, me invitaban a irme de copas con ellas y sus amigas. Y ahí se abrió un mundo para mi. Empecé a salir compulsivamente con chicas, y digo compulsivamente porque como si antes hubiera estado en la cárcel y de pronto me dan la libertad y me queda una semana de vida. Pues así.

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En un año yo creo que me lié con más de cincuenta mujeres. Apenas veía a mis amigas y familiares que empezaron a temer que yo tuviera depresión o algo así por estar desaparecida. No sabían que realmente tenía una apasionada vida sexual absolutamente secreta, solo mis vecinas sabían la verdad.

Al segundo año de mis andanzas conocí a una mujer a la que quise conquistar y se me resistió. Yo, cabezota, me empeñé, y entre más me empeñé más se me resistió. Pero a medida que intentaba conquistarla descubrí que era una mujer absolutamente excepcional.

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Ella no quería nada, no solo conmigo sin que con nadie. Estaba saliendo de un duelo familiar difícil y una ruptura de pareja.

En lugar de conquistarla decidí respetarla, darle su espacio, su tiempo, apoyarla y hacerla reír.

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Pasó el tiempo, y fue bastante, y nos enamoramos. Y de pronto sentí que ya no podía mantener mi vida en secreto porque mi vida era mía, y era maravillosa. Había tardado muchos años en darme cuenta de que era lesbiana, no quería desperdiciar más el tiempo.

Tenía miedo, tenía terror. Solo pronunciar el «soy lesbiana» hacía que me temblaran las piernas. Cada vez que lo dije me puse a llorar. La emoción podía conmigo.

A algunas personas les pareció mal, por ejemplo al padre de mi hija, a un par de amigas y a una tía abuela. Y a mi me dio igual. A las personas más importantes de mi vida les resultó algo desconcertante al principio, no entendían nada, por temas de prejuicios, siempre he sido muy femenina y asociaban el lesbianismo con el pelo corto y los tatuajes.

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Están viviendo su proceso pero desde el respeto y el amor. Soy lesbiana, eso no va a cambiar. Y eso me llena de Orgullo. La mejor reacción fue la de mi hija. Cuando le conté que Claudia, mi amiga, era mi novia y que quería vivir con ella, me dijo: qué bien, ahora tengo dos mamás«.

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