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«Yo creía que era heterosexual, pero cada vez que la veía saltaban chispas entre nosotras»

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historia de amor lesbianas y bisexuales

Soy Luly. Siempre pensé que yo era » heterosexual», ahora me doy cuenta que es porque era lo único que yo había conocido.

Un día, cuando llevaba 4 años con mi novio, trabajando en unas grandes superficies conocí a Patricia.

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Desde el momento en que la vi sentí algo diferente a cualquier cosa que hubiera sentido antes mirando a una mujer. Algo tan especial y diferente que era como si me hubiera enamorado de ella. Patricia tenía novia en ese momento, y a mi jamás me había pasado algo tan especial como eso.

Disfrutaba lo que sentía al estar con ella o mirarla, pero a la vez pensaba: «¿Pero qué estoy haciendo? ¿Me he enamorado de una mujer?». Se lo conté a nuestros compañeros de trabajo, y así se convirtieron en mis cómplices.

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No nos decíamos nada, pero cada vez que nos acercábamos saltaban chispas entre nosotras. Yo solo deseaba que llegara el día siguiente para verla de nuevo… Llegaba a casa y no podía parar de pensar en ella.

Pasó el tiempo y ella se tuvo que ir, ella es de Cartagena y yo de Valencia, me sentí triste, pero me consolé pensando que tenía que seguir con mi vida, no me sentía bien, me sentía egoísta, porque aún seguía con mi relación con mi novio, incluso sin dejar de pensar en ella cada día.

Tiempo después Patricia tuvo que volver a mi ciudad, Valencia, y siempre quedábamos a tomar algo con los compañeros de trabajo, pero jamás pasó nada entre nosotras, solo miradas.

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Desde eso que os cuento pasaron cuatro largos años. Yo en ese momento ya trabajaba en otro lugar. Un día, mientras merendaba, sonó mi móvil. No me lo podía creer, era un whatsapp de ella. 

Me quedé alucinada, para romper el hielo me dijo que que bonita foto tenia puesta (no era mía) y ahí empezamos a hablar, entre todo lo que me contó me dijo que lo había dejado con su novia. Se me paró el corazón. Es ahora o nunca, pensé. Así que decidí aprovechar el momento.

Me declaré. Le dije que siempre me había gustado y que la deseaba más que a todas las cosas, ella se quedó sorprendida, alucinó tanto, pero para mi gran satisfacción me dijo lo mismo.

A partir de ese momento empezamos a hablar cada día. Era un sueño hecho realidad. Yo dejé a mi pareja y me fui a vivir con una de mis primas, yo estudiaba a la vez que trabajaba así que me reservaba los fines de semana para estar con Patricia.

Cada fin de semana nos turnábamos. Iba yo a Cartagena o venía ella a Valencia. Estuvimos así hasta febrero de 2015. En septiembre de ese año nos casamos, en junio de 2016 comenzamos nuestro tratamiento para ser mamás, elegimos el método ropa, donde una aportó los óvulos y la otra gestó. En enero de 2017 nacieron nuestras preciosas gemelas. 

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Yo, que nunca quise hijos, me enamoré de una mujer madre de dos

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me enamoré de una mujer con dos hijos

Siempre lo tuve claro, siempre lo dije, desde que era adolescente, no me voy a casar ni voy a tener hijos.

Mi madre me decía que con el tiempo cambiaría de opinión, pero a mis 35 años seguía sin casarme y perfectamente convencida de que no quería hijos.

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Pero entonces llegó Gabriela. Y todo cambió.

Gabriela es una argentina vivaz, divertida, preciosa, que vino a España hace 9 años a estudiar. Pero todo se complicó cuando una noche de borrachera se embarazó. Fue muy difícil para ella porque del «padre» nunca más se supo.

Más tarde se echó un novio y volvió a quedarse embarazada, y eso que usaba protección, sí, mi mujer es una bomba de fertilidad. Las cosas no resultaron tampoco con este novio, así que Gabriela se vio en un país sin red de apoyo, sin familia, con dos críos.

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Lo primero que se le pasó por la cabeza fue volver a Argentina, pero no quería rendirse tan pronto. Acabó el doctorado, trabajó, y gracias a au pairs logró compatibilizar todo y cuidar de sus hijos.

Cuando yo la conocí me sentí admirada por su historia y su lucha, al final yo siempre lo he tenido muy fácil. Me pareció preciosa, atractiva, pero saber que había una niña de 4 y un niño de 6 en su vida solo me hacía pensar en correr en la dirección opuesta.

Sacarse a Gabriela de la cabeza no es fácil. Así de conocernos en un cumpleaños me llamó dos días después. Se había conseguido mi teléfono y me preguntó si quería ir con ella a una exposición. Me quedé sorprendida por su desparpajo y le dije que sí.

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En la segunda cita nos liamos, me besó ella y se autoinvitó a mi piso. Siempre ha sido directa, va a lo que quiere. Empezamos a enrollarnos con frecuencia, un día me invitó a comer a su casa y estaban los niños. Me besó frente a ellos, yo me sentía algo incómoda. Los niños eran muy lindos pero no era mi ambiente. Comimos, vimos una peli todos juntos y muy bien, pero no imaginaba mi vida así, con tanta gente.

Esa misma tarde le dije que ella me gustaba mucho pero prefería no mezclar, que estaría bien que nos viéramos las dos pero los niños eran otra cosa. «Imposible, este es el paquete completo. O lo tomas o lo dejas», me dijo.

Me sentí herida en mi amor propio y le dije que lo dejaba. Fue una tontería porque la echaba de menos. Como teníamos amigas en común coincidimos un mes después en un cumpleaños en una casa rural. Ella fue con los niños.

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Fue doloroso verla, sentir que me gustaba tanto pero que no había nada que hacer. Yo no quería el paquete completo. Ese fin de semana hablamos y decidimos ser amigas, teníamos mucho en común y nos llevábamos bien.

Empezamos a quedar como amigas, a veces se traía a los niños, a veces solo las dos. Empecé a conocer mejor a los pequeñajos y a cogerles cariño. Nuestra relación se volvió muy cercana, pero yo seguía con mis límites emocionales.

Hasta el día que todo cambió. El día que me contó que tenía una cita, que llevaba tiempo hablando con una chica por internet, la chica tenia un niño, y bueno, se entendían. Yo, que jamás me he considerado celosa, sentí que se me partía el corazón.

Tienes que ser madura, consecuente y bla bla me repetía en mi cabeza. Pero lo cierto es que me dolía mucho. Realmente sentía por Gabriela mucho más de lo que yo me permitía ver.

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Me puse en modo reconquista, le dije que quería intentarlo y todas esas cosas de película romántica. ¿Conclusión? 18 meses después de ese día seguimos juntas. Yo la quiero con locura y estoy enamorada de los niños.

Yo, que no quería hijos, voy al parque con bici y monopatín, conduzco un monovolumen donde las sillas de los niños van mucho mejor, tengo la app de Disney en el móvil y me siento completamente feliz con este paquete completo que la vida me ha traído.

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¡Ya está aquí nuestro bebé! ¿Qué trámites debemos hacer?

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tramites recien nacido

Marina ya está aquí. Después de cuatro tratamientos de reproducción asistida fallidos, por fin podemos abrazar a nuestra pequeña que tanto nos ha costado.

Estamos embobadas pero también muy cansadas, locas de amor y a la vez con ganas de dormir cuatro horas seguidas. Un bebé trae tantas cosas a la vida, y una de ellas, la más aburrida, es el papeleo.

¿Qué papeleos hay que hacer cuando nace un bebé? Nosotras no lo hicimos, lo dejamos en manos de una encantadora pareja de chicas, responsables de GestionaBebés, que aquí nos lo cuentan:

«En muchas ocasiones se han acercado papás y mamás a nuestra gestoría envueltos en la locura de traer un hijo o una hija al mundo y además hacerse cargo del papeleo que supone un recién nacido. Por ello hemos creado una sección especial para resolver dudas al respecto: ¡Atención mamás y papás! Somos GestionaBebés! y queremos dar la bienvenida a vuestro nuevo miembro en la familia al fascinante, y cómo no, ¡aburrido universo administrativo!

Lo primero que nos preguntamos cuando nos dan el alta hospitalaria es ¿qué hay que hacer ahora?, ¿ya viene nuestro bebé con pediatra incluido como el mando con la TV? o ¿es verdad que al bebé lo empadronan automáticamente? Pues como en todo, hay que iniciar trámites y es determinante saber por cuáles empezamos.

Nosotras te explicaremos brevemente los básicos, los primordiales:

1.Cuando ya podemos volver a casa con nuestro peque, junto con el documento de alta hospitalaria, nos facilitarán el informe médico firmado por el profesional que nos ha asistido en el parto y la declaración por nacimiento y, además, habrá que asegurarse de si podremos promover la inscripción de nacimiento desde el hospital en el Registro Civil, que será lo más fácil:

●     si desde el hospital no han tramitado la inscripción del nacimiento o no os lo han ofrecido, es porque no todos tienen la comunicación telemática con el Registro Civil. En este caso, habrá que hacerlo personalmente.

●     O, si es posible hacer dicha inscripción en el Registro Civil desde el hospital, este paso ya lo tendréis solucionado.

2.A continuación, vendría el alta de afiliación de la Seguridad Social, trámite que se puede hacer presencialmente en los centros de la Seguridad Social con cita previa, por Internet (si se tiene firma electrónica, DNI-e o Cl@ve Permanente) o enviando la documentación pertinente por correo postal. Aprovechando que estamos haciendo los trámites con la Seguridad Social, ya tramitaremos también la prestación por maternidad/paternidad (no confundirla con la ayuda por hijo a cargo la cual fue sustituida por el Ingreso Mínimo Vital desde el 1 de Junio de 2020).

3.Finalmente, habría que solicitar el alta de empadronamiento que, en casos de nacimiento, el Registro Civil comunica de oficio los datos del recién nacido al domicilio del ayuntamiento respectivo. No obstante, como dice el dicho popular “las cosas de palacio van despacio”, te recomendamos fervientemente que lo hagáis por vuestra cuenta para que el bebé esté empadronado en la mayor brevedad posible porque, si bien tendréis al bebé perfectamente afiliado en la Seguridad Social, hay Comunidades Autónomas que para asignar pediatra y tarjeta sanitaria, es necesario aportar el certificado de padrón (ej: Madrid) o pedir el reconocimiento de Familia Numerosa y sus respectivas ayudas, etc.

Como podéis ver, mamás y papás, al final todos los trámites tienen su correlación y unos no prosperan sin haber hecho los pasos previos. Comprendemos vuestra situación y para aliviar vuestra carga de trabajo para que solo os dediquéis a vuestro retoño, a los otros hijos que tengáis, en definitiva, a vuestra vida doméstica en general, podéis contactar con nuestro equipo pinchando aquí.

¡Déjanos el papelo de tu bebé y disfruta de tu tiempo con él/ella o aprovecha para dormir! ;).

Equipo Gestiona2Go!

Me enamoré de la novia de mi cuñado. Esta es mi historia de amor

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historia de amor lésbica me enamoré de mi cuñada

Cuando Lisa y yo nos conocimos ella y yo teníamos novio. Y nuestros novios eran dos hermanos.

Yo llevaba un año con el mío cuando Lisa apareció en mi vida. Era una chica inglesa preciosa que el hermano pequeño de mi novio había conocido en su erasmus. Durante unos meses Lisa estuvo yendo y viniendo, hasta que enamorada de España y de nuestro maravilloso clima, buscó un trabajo y se quedó a vivir una temporada.

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En ese tiempo éramos las dos muy jovencitas. Yo tenía 21 y ella 23. Salíamos mucho de fiesta juntos y nos emborrachábamos, no teníamos límites. En una de estas salidas Lisa y yo fuimos al baño porque yo me sentía mal. Ella me llevaba cogida, yo estaba mareada. Me mojó la cara, nos reímos a carcajadas de nada en especial, y así, de forma natural, me besó.

Yo me quedé atónita. Era la primera vez que recibía un beso de una mujer. Fue un beso juguetón, bonito, sensual. Pero me sentí extremadamente culpable, me sentía infiel, y sobre todo porque durante varias semanas lo evocaba antes de dormir, sintiendo una gran excitación.

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La segunda vez que nos besamos fue delante de nuestros novios. Haciendo el tonto, borrachas, ellos se rieron, porque creo que les parecía que lo hacíamos para excitarlos a ellos, no porque nos gustáramos. Para ellos era inofensivo, pero vamos, yo ardía en llamas con Lisa en mi boca.

Al tiempo Lisa decidió volver a su país y meses después mi chico y yo lo dejamos. Con los años decidí explorar mi bisexualidad y salí con chicas y chicos, pero a los 27 me sentí menos bisexual y más lesbiana. Los hombres no me apetecían y siguen sin apetecerme, comencé a tener relaciones y sexo solo con mujeres.

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Hace tres años saliendo con amigas por Chueca me encontré con Lisa. ¡Fue genial! Estaba realmente despampanante. Me contó que vivía en Madrid desde hace unas semanas y estaba conociendo gente. Yo estaba recién empezando una relación con una chica, la presenté a mis amigas y decidimos quedar.

Con este reencuentro nos hicimos muy amigas. Una noche de fiesta se lió con una de mis amigas y yo sentí que moría de celos. Hasta le monté un pollo, vamos. Al día siguiente me disculpé diciendo que había bebido pero la verdad es que me di cuenta de que Lisa siempre había sido un sueño erótico para mi y que me gustaba.

Las cosas no fluyeron entre la chica con la que estaba saliendo así que se terminó días después. Por fin Lisa y yo nos encontrábamos solteras, y ya podéis imaginar. Saltaron chispas.

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Lisa, esa preciosa chica inglesa que conocí como mi cuñada, es actualmente mi esposa y la mujer que me hace feliz. Tenemos un gato y estamos estamos embarazadas desde hace 13 semanas de nuestro hijo. Una historia de amor inesperada y muy especial que para mi ha sido de película.

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Oh Mami Blue: «Los genes no convierten a nadie en hijo o en madre»

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oh mami blue habla de la genética y la maternidad lésbica

A diferencia de la mayoría de parejas heterosexuales, las mamás lesbianas en pareja no podemos compartir ambas genética con todos nuestros hijos. Hay parejas que tienen dos hijos, gestando cada una uno de sus hijos, o donde solo una de ellas gesta al o los hijos.

Hay mujeres a las que les importa y otras a las que no. También son muchas las mujeres, lesbianas y heterosexuales, que no pueden embarazarse con sus propios óvulos, y necesitan recurrir a la ovodonación, por lo que tampoco hay un lazo genético.

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¿Es esto importante? Para algunas mamás sí, para otras no. Lo que sí es seguro es que no necesitamos un lazo genético para volvernos locas de amor por nuestros hijos.

Oh Mami Blue, la familia de dos madres que es influencer en Instagram, con 400 mil seguidores, ha publicado una reflexión que creemos muy importante. Vero gestó a Alex, el hijo de 4 años que tiene junto a Jana. El óvulo era de Jana, fueron mamás a través del método ropa. Vero, que no comparte genética con Álex, escribe esto junto a una preciosa imagen:

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«Lo que hay de mi en ti, va mucho más allá de la genética.

🌿Lo que más me gusta de mi, no tiene nada que ver con los genes que tengo, a veces me veo pelando patatas como mi abuela, quitándome las migas frotando los dedos como mi madre después de comer un trozo de pan, o utilizando expresiones o refranes de mi padre, nada de eso sería así si no les hubiese conocido, y sin duda esas son las cosas que más me gustan de mi, las de haber observado a mi familia y ser espejo, esas son de verdad mis raíces.

🌿Cuando escucho a personas decir esta frase, “me gustaría tener un hijo mío, un hijo con mi genética” , me da un escalofrío, no sé cuál es el motivo de ese apego a los genes de uno mismo.

🌿Realmente siempre quise Tener un hijo, o una hija, una persona a la que cuidar, no un clon, son muchas las veces que me he planteado una adopción, porque para mi la maternidad es amor sin posesión, es apego con Libertad, y es dar sin esperar.

🌿Los genes no convierten a nadie en hijo, ni en madre, ni en padre.

🌿Pensar que sin ser mío, siendo libre, siendo tuyo, lo eres todo para mi.
🌿Gracias por todas las lecciones de amor que me das.

 

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Anoche antes de dormir escribí esto. 🌿Lo que hay de mi en ti, va mucho más allá de la genética. 🌿Lo que más me gusta de mi, no tiene nada que ver con los genes que tengo, a veces me veo pelando patatas como mi abuela, quitándome las migas frotando los dedos como mi madre después de comer un trozo de pan, o utilizando expresiones o refranes de mi padre, nada de eso sería así si no les hubiese conocido, y sin duda esas son las cosas que más me gustan de mi, las de haber observado a mi familia y ser espejo, esas son de verdad mis raíces. 🌿Cuando escucho a personas decir esta frase, “me gustaría tener un hijo mío, un hijo con mi genética” , me da un escalofrío, no sé cuál es el motivo de ese apego a los genes de uno mismo. 🌿Realmente siempre quise Tener un hijo, o una hija, una persona a la que cuidar, no un clon, son muchas las veces que me he planteado una adopción, porque para mi la maternidad es amor sin posesión, es apego con Libertad, y es dar sin esperar. 🌿Los genes no convierten a nadie en hijo, ni en madre, ni en padre. 🌿Pensar que sin ser mío, siendo libre, siendo tuyo, lo eres todo para mi. 🌿Gracias por todas las lecciones de amor que me das. 🌿Foto hecha durante el confinamiento🌿

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Tengo 16 años y esta es la historia de mi mamá lesbiana

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mi mama es lesbiana

Cuando yo nací mi mamá tenía mi edad, 16. Vivimos en un país que no tiene nada de educación sexual y no se incentivan los métodos de anticoncepción. Mi mamá lo pasó mal cuando se embarazó y mi abuela también, al final la carga era para ella. Mi abuelo, así como mi papá, eran medios ausentes.

Pero a pesar de las dificultades económicas mi mamá me dice que mi nacimiento fue un motivo de mucha felicidad para ella y traje alegría a la familia.

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Cuando yo era niña mi mamá aún no se definía sexualmente, estaba ocupada conmigo, terminando sus estudios y trabajando. Yo la veía muy poco, estaba más con mis tías y con mi abuela, pero era tan cariñosa conmigo que la amaba, y amaba que aunque no estuviéramos juntas en el día llegaba a la casa y se metía a la cama a dormir conmigo abrazadas. 

Nos costó años salir del círculo de pobreza. Recién cuando cumplí 11 mi mamá pudo salir de la casa de mi abuela y arrendar algo para las dos. Chiquitito, pero era nuestro departamento y teníamos dos habitaciones, una para cada una. Era la primera vez que yo dormía sola. 

Pero mi mamá tenía dos trabajos así que al final yo pasaba muchas horas sola, tenía pasión por el estudio y la lectura, así que las aprovechaba bien. Ya a esa edad cocinaba y limpiaba nuestra casa.

Un domingo hace tres años mi mamá me llevó a tomar un helado y me dijo que quería contarme algo, estaba tan nerviosa. Le costó mucho, y al final lo sacó. Estaba enamorada, desde hace dos años que estaba con alguien pero que no sabía cómo contarme, que sentía haberlo tenido oculto pero que no sabía cómo iba a reaccionar yo. 

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Me contó que estaba enamorada y esa persona especial era una mujer. Al final se le cayeron las lágrimas a mi también, ella pensó que yo estaba llorando porque era una mujer, pero no, yo lloraba porque me di cuenta que aunque mi mamá estaba feliz pensaba que había algo malo en ser lesbiana.

La abracé, le expliqué y le dije que quería conocerla. Esa misma tarde fuimos a la casa de Flavia. Tenía un departamento bonito, tenía dos gatos y tres perros. Era así como muy moderna, vegana y amante de los animales, me pareció que era muy especial y me trató muy bien, también trataba muy bien a mi mamá.

Cuando mi mamá vio que nos llevábamos bien y que yo no tenía prejuicios, se sintió liberada y empezó a ser ella misma.

Fuimos a dar una vuelta con los perros, fue un día bonito. Después de ese vinieron muchos más. Todo iba bien, el problema era mi mamá que tenía miedo de ser lesbiana, de lo que la gente pensaría de ella.

Mi abuela es muy de la iglesia y Jesucristo y pensaba que si ya le había costado aceptar el embarazo adolescente de mi mamá, ahora la rechazara por estar con una mujer.

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Mi mamá ha sufrido mucho en general y las cosas le han costado, le ha costado salir adelante, y yo quería que fuera feliz, que disfrutara de las cosas bonitas del amor. Yo le di fuerzas para que lo empezara a contar, a la familia y a sus amigos.

No fue fácil, a mi abuela al principio le dio rabia. No entendía nada, y decía que era una pésima influencia para mi y que yo debería irme a vivir con ella, así que ahí tuve que pararla y defender a mi mamá.

Estuvimos un tiempo sin hablar con ella, pero después las cosas se fueron pasando, y ahora estamos muy bien. Todos quieren mucho a Flavia, mi abuela, mis tíos, los amigos de mi mamá, es como si ya fuera parte de la familia. 

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Desde el año pasado vivimos juntas las tres con los perros y los gatos. Yo nunca he sentido a Flavia como mi otra mamá pero si es como una súper amiga, le cuento mis cosas, a veces cosas que ni siquiera le cuento a mi mamá, ella se interesa por lo que hago y se preocupa mucho por mi.

Me motiva a ser mejor persona, mejor estudiante y ser yo misma siempre. Mi mamá está feliz porque ya no se esconde y porque se ha aceptado, un día que nos estábamos tomando un café las dos solas me dijo que quería darme las gracias por ponérselo tan fácil. 

Y por eso quiero animar a todas las mujeres lesbianas que tienen miedo y tienen hijos a no tenerlo. Que no vivan escondidas, porque los hijos no somos tan cerrados como los viejos, y solo queremos ver a nuestras mamás felices.

Camila C.

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Tengo novia, novio y dos hijos, uno con cada uno

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madres lesbianas poliamorosas

Siempre fui poco convencional, desde que era una niña. Mi padre se sentía avergonzado de mi y mi madre me alentaba a no ser como el resto de la gente, «tu vida es solo tuya», me decía.

Hasta los 13 años pensé que era heterosexual, hasta que llegó una vecina nueva a mi edificio, ahí me di cuenta de que era bisexual, y ella, Gabriela, fue mi primer gran amor.

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Soy muy abierta, y hablo sin tapujos de mi bisexualidad, en el trabajo, en las comidas familiares, con amigos.

Hace 6 años tengo un novio al que quiero mucho, es un buen hombre y muy comprensivo y empático. Tenemos una relación abierta y un precioso hijo que tiene 5 años.

En la mitad de la relación con mi novio, cuando mi hijo tenía dos años, me enamoré de una profesora de yoga a la que conocí solicitándole una clase por internet. Cuando la conocí ella estaba en tratamientos de fertilidad, el día de nuestra tercera cita le dieron la buena noticia de que estaba embarazada.

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Me pareció precioso acompañarla en el proceso de su embarazo, me involucré mucho y sentía que ese bebé que venía en camino también era parte de mi.

Ella, Rebeca, es una mujer muy abierta, muy libre. Se identifica como lesbiana pero no tiene prejuicios hacia las bisexuales como otras mujeres que me he encontrado. Nuestro amor es profundo y libre.

Antes de que Lea naciera le propuse ser la otra madre, a ella le gustaba ver como me desempeñaba como madre de mi otro hijo y aceptó que yo formara parte de su familia.

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La gente se sorprende mucho cuando digo que tengo dos parejas y dos hijos, uno con cada uno. Mi novio y yo nos vemos un par de veces a la semana y al menos una noche dormimos juntos, compartimos un par de semanas de vacaciones y uno que otro puente nos vamos fuera.

Rebeca y yo pasamos más tiempo juntas, quizás por el hecho de que las relaciones entre mujeres suelen ser más cercanas. No hay normas de cuánto nos vemos, pero casi todas las noches que yo o ella tenemos libres las pasamos juntas. Dormimos en una cama grande con los niños en medio. Mi hijo la adora y la siente como otra madre. Ella no hace diferencia entre ambos niños.

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Mi novio tiene otras parejas, Rebeca no ha tenido parejas serias pero sí ha tenido encuentros con otras mujeres. Yo no siento celos porque creo que el amor es libre, que las personas podemos amarnos sin intentar poseernos, de disfrutarnos.

Yo vivo sola, ellos también. Compartimos el cuidado de los niños. Somos un modelo de familia muy diferente, pero válido y feliz.

¿En qué países podemos adoptar las lesbianas?

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donde pueden adoptar las lesbianas

Se conoce como «adopción homoparental» la adopción que se lleva a cabo por parejas del mismo sexo, algo que hace algunas pocas décadas atrás estaba completamente prohibido, como si nuestra orientación sexual fuera un impedimento para ejercer como buenas madres.

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En nuestro país, España, las lesbianas podemos adoptar o acoger como mamás solteras o en pareja. ¿Te gustaría ser mamá por adopción? Estos son los requisitos que se piden en España:

  • Ser mayor de 25 años
  • Que la diferencia de edad entre madres e hijo sea mayor a 16 años y menor a 45. Pero si se va a adoptar a varios hermanos, la diferencia de edad puede ser mayor.
  • Estar psicológicamente y económicamente preparada para ser mamás.
  • En caso de estar en pareja, tenéis que llevar al menos dos años siendo novias, y ambas tener interés en adoptar a un niño.
  • No se pueden escoger características físicas de los niños ni procedencia. Eso juega en contra en el expediente
  • Y, por último, presentar la solicitud en el registro de adopciones.

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En España los distintos modelos de familia son válidos y ninguno tiene preferencia sobre otro, una pareja heterosexual no tiene más privilegios a la hora de adoptar un niño que una familia compuesta por dos mamás o dos papás, o una familia monoparental.

No obstante esto no sucede en resto de los países. Así como las familias compuestas por mamá y papá tienen un amplio abanico de posibilidades, nuestras familias tienen muchas restricciones.

Las lesbianas, además de en España, solo podemos adoptar en:

  • Brasil
  • México (en algunos de sus estados)
  • Portugal
  • Colombia

En otros países europeos también se puede pero suele ser más complicado.

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Esto en cuanto a la adopción internacional, ahora bien, en 29 países del mundo pasa como en España, que se permite la adopción, ya sea de los hijos de la pareja o de niños en situación de abandono por parte de parejas del mismo sexo

En el confinamiento por el coronavirus me enamoré de mi compañera de piso

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amor lésbico en el confinamiento
amor lésbico en el confinamiento

Llegué en septiembre del año pasado a vivir a Madrid para hacer un máster. Primero viví en un piso con una chica y un chico, pero ella era muy desordenada y él muy fiestero, no podía estudiar y estaba harta de ese piso.

En enero me cambié a otro piso. En este vivía Raquel, que se había divorciado hace unos meses de su esposa y necesitaba alquilar una habitación para hacer frente a los gastos. Tenía un gato y una hija de tres años, que estaba una semana con ella y otra semana con su ex.

La casa era bonita, ella muy ordenada y al haber una niña en casa un horario bastante tranquilo. La niña estaba en el cole hasta las 16 y a las 20 ya en la cama. Me pareció tranquilo y perfecto para mis cosas.

Yo pasaba mucho tiempo fuera de casa, pero en marzo nos confinaron. Me pareció un poco incómodo al principio porque no podíamos salir de casa y ahí estábamos encerradas las tres, yo no tenía mucha confianza.

Pero descubrí que Raquel, a quien al principio yo veía como «una madre», era una chica muy divertida, tiene 37 años, 7 más que yo, era graciosa, cocinaba muy bien, sabía mucho de cine y de literatura, los temas de conversación no se agotaban nunca.

La niña también me pareció muy linda, la verdad es que era difícil aburrirse con ella en el confinamiento. Mis padres me decían que volviera al pueblo y mejor estuviera confinada ahí, pero yo estaba encantada.

Ya a medidos de abril noté que Raquel me gustaba, que pensaba en ella, que me quedaba mirándola, disfrutaba nuestras sesiones de series, o nuestros vinos por la noche, cuando la niña dormía.

A mi nunca me había gustado una mujer, ni siquiera me lo había planteado. Pero tampoco me cerraba a ello. Deseaba besarla, estar con ella, pero no sabía cómo acercarme a una mujer.

Supongo que se me notaba, así que fue ella la que empezó con el acercamiento, con algún comentario, alguna pregunta, y yo estaba completamente receptiva. A fines de abril nos liamos, y el confinamiento fue completamente maravilloso. Las semanas que la peque estaba con su otra madre ni nos levantábamos de la cama.

Es una historia curiosa, empezamos viviendo juntas y después enamorándonos. El confinamiento nos ayudó mucho, aún seguimos juntas, en el verano cuando se pudo viajar vinieron conmigo a mi pueblo y conocieron a mi familia y amigos, todos encantados con ellas.

Creo que somos las únicas personas que hemos disfrutado y estamos agradecidas de haber estado confinadas.

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A los 60 años le dije a mis hijos, ya adultos, que me gustaban las mujeres

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Salir del armario a los 60

«Siempre digo que me hubiera gustado nacer en esta época, la gente joven no sabe la suerte que tiene, cuanta libertad para vivir la vida que una quiera. Viajar a todos lados y amar a quien una quiera.

Cuando yo me casé con mi marido estaba contenta, era un hombre bueno y nos llevábamos bien, yo lo quería, pero no estaba enamorada ni sentía mariposas ni me moría por sus besos, pero sí lo quería mucho, falleció hace 5 años de cáncer.

Tuvimos 3 hijos, los tres chicos. Muy buenos hijos y preocupados por sus padres, muy cariñosos y responsables.

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He tenido una buena vida, mis hijos y mi trabajo me han dado muchas satisfacciones, pero hay una parte que me ha tomado muchos años entender.

Siempre me interesó mucho el tema de la homosexualidad, mucho. Cada vez que en televisión hablaban de eso seguía los casos de los famosos y me compraba las revistas para leer.

Después de que mi marido falleció empecé a indagar mucho sobre el tema de las lesbianas, era algo que me atraía tanto, empecé a leer historias por internet, a comprarme libros y ver películas.

Y lo sentí, sentí que yo también lo era. Cuando leía un buen libro o veía una buena película, podía sentir en mi propia piel la emoción de besar a una mujer o de enamorarte. «¿Y ahora qué hago con esto?», pensé.

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En foros de internet empecé a conversar con otras mujeres, me hice amiga de una que estaba en una situación similar a la mía pero ella seguía casada.

¿Cómo haces cuándo te das cuenta de que eres lesbiana a los 60 años? La amiga que me hice me presentó a otras amigas de ella y así fui conociendo gente hasta que tuve mi primera experiencia sexual. Fue algo bonito pero no se convirtió en una relación.

Ahora voy conociendo mujeres pero aún no me he enamorado y no pierdo las esperanzas.

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El momento más emocionante para mi fue cuando le conté a mis hijos. Primero lo hice con el mayor. Un día fuimos al cine y a tomar algo. Cuando estábamos ahí le dije que quería contarle algo y que me costaba mucho, pero que me había dado cuenta que me gustaban las mujeres. Mi hijo se quedó pasmado, no porque sea homófobo, no, no los he criado así. Sino que porque no se lo esperaba. Me dijo que sentía mucho que lo hubiera descubierto tan tarde y que esperaba que pudiera encontrar a alguien con quien vivir mi orientación. Es un hombre muy bueno y empático.

La segunda salida del armario fue con los dos más pequeños, que vinieron a instalarme una estantería en casa. Como ya tenía la experiencia del mayor no me fue tan difícil. Mi segundo hijo se emocionó, se le cayeron las lágrimas y me dijo que era muy valiente, el pequeño solo hizo bromas, y es que es un poco payaso.

No estoy arrepentida de la vida que he tenido, que si no no tendría a mis hijos, pero sí espero poder tener la oportunidad de vivir esos amores que tanto me han hecho gozar en libros y películas».

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